Reencuentro con la tradición y los sabores naturales, desde hoy en la 10ª Feria del Dulce de Convento

El Palacio de Congresos de Torremolinos ha abierto puertas hoy sábado, día 5, y hasta el martes, 8 de diciembre, de una de las citas prenavideñas más tradicionales de la Costa del Sol y Andalucía. La 10ª Feria del Dulce de Convento reúne cerca de 200 referencias de la pastelería y confites que elaboran las monjas de 35 monasterios repartidos por diez provincias de Andalucía, Extremadura, Castilla-León y Galicia, evento de carácter social cuyos fondos de dedican al sostenimiento de estas comunidades de religiosas.

Hablar de la repostería monacal no solo es hacerlo solo de tradición. Sus recetas se basan en muchos casos en la sencillez. En la calidad y la humildad de las materias primas que utilizan. Amasados y horneados lentos. Producciones limitadas en número. De recetas centenarias transmitidas a lo largo del tiempo. Es un encuentro con la pastelería más artesanal y el sabor de las cosas que no cambian.

Pero el secreto del porqué superan los siglos como referentes de la repostería de calidad está en los valores intangibles: la virtud, el amor y el tiempo que le dedican las monjas a estos pequeños regalos que hacen llegar a los paladares en las fiestas navideñas.

Organizada por el Palacio de Congresos y el Ayuntamiento de Torremolinos, este año del décimo aniversario el corte de la cinta inaugural de la feria ha corrido a cargo del cuerpo de voluntarias que atienden los stands cada edición y que prestan su ayuda desinteresadamente a los conventos participantes. No son un eslabón más, sino uno de los pilares de este evento solidario que, en muchos casos, ayudan a las religiosas a atender necesidades perentorias de sus conventos y monasterios.

Conventos de Córdoba, Cádiz, Sevilla, Jaén, Granada, Huelva, Málaga, Ávila, Badajoz y Lugo reúnen una muestra de su género en la 10ª Feria del Dulce de Convento. Yemas, borrachuelos, corazones de obispo, amarguillos, mantecados, mazapanes, hojaldrinas, pestiños, tocinos de cielo, erizos, mermeladas, confites, cortadillos al aguardiente, cocadas… La larga lista de referencias de la repostería monacal es esencia no solo del patrimonio de las órdenes religiosas que han hecho de ellas un arte; sino también del patrimonio cultural y gastronómico de los pueblos, ciudades y regiones donde históricamente los conventos de clausura llevan a cabo su obra.

La tradición no implica no abrirse a los nuevos gustos, adaptarse a los paladares del público o atender las limitaciones metabólicas. Así, en la feria pueden encontrarse también productos sin azúcar, aptos para diabéticos.

La feria abre sus puertas diariamente de 12 a 20 horas en horario ininterrumpido. El acceso al recinto es libre.

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